COLORANDES
(...) Queriendo expresar la belleza tomando elementos de la realidad, los fotógrafos con sensibilidad han conseguido decir fotográficamente todo lo que han querido decir de las cosas que tienen existencia propia en esta maraña tierna, a veces violenta, frágil e inasible, pero llena de luz y color, que constituye la realidad de los sueños que vivimos despiertos, en plena conciencia. Esa conciencia que es individual y autónoma y manifestación de nuestras pulsiones internas. Y que es, a la vez, colectiva y comunitaria y afirmación de un fondo único de antigua sabiduría.
Colorandes es la expresión de todo esto. Es una muestra de los trabajos de un colectivo de jóvenes profesionales que integra, desde el campo de la fotografía y el video, la vanguardia artística huancaína de estos últimos años. Las obras, realizadas a lo largo de cinco años de investigación y experimentación, son el resultado de un proceso de retroalimentación e intercambios mutuos en la experiencia de compartir la mirada individual para crecer y volver a mirar la realidad y recrearla a partir de la propia subjetividad.
Como generación, los artistas afirman sentir que han sido marcados por un contenido presente en la historia peruana reciente: la violencia, que ha causado en ellos una percepción y una reflexión de la realidad distinta a la de otras generaciones.
Es significativo que declaren esto. Es probable que la violencia haya generado en ellos una necesidad de distanciamiento de la realidad cotidiana para procesarla y encontrar en ella la luz divina a la que aspiramos los seres humanos. De ahí esa búsqueda incesante que se percibe en la muestra. Pero a eso ha seguido la necesidad de develar y revelar lo que aparece velado e ignoto a otros ojos y que la afinada sensibilidad de estos creadores ha descubierto y transformado en pensamiento visualmente expresado.
Con un manejo técnico cada vez más virtuoso, cuyo desarrollo es posible observar de sus anteriores trabajos, cada uno de ellos ha creado un lenguaje iconográfico propio.
En Herbert Salas la obra nace de intuir una forma fotográfica que se acerca a la pintura y a la escultura y se convierte en abstracción del cuerpo. El cuerpo desaparece al superponerle una pintura proyectada en diapositiva. Lo pictórico se encuentra en el contraste entre la forma y el fondo provocado por el juego de la luz y la sombra. Las texturas, un trabajo de laboratorio que revela una gran habilidad técnica y un ojo experimentado, enriquecen la imagen y le otorgan movimiento. La percepción volumétrica y antropomórfica de la forma le da una dimensión escultórica a una fotografía de estilo neo figurativo, que logra comunicar en formas suaves y cadenciosas una sensación espacial de paz, armonía y belleza, reveladora de la delicada interacción entre el espacio exterior y el mundo interior del artista.
La fotografía de José Cochachi es un canto a la vida. Para el artista, la vida tiene una capacidad poética intrínseca que busca desentrañar en cada toma fotográfica. Cochachi ama la vida a la manera de un niño que tendido sobre la hierba captura en su retina la infinita belleza que se despliega ante sus ojos. No usa de artilugios, se nutre de lo natural y espontáneo. Es un artista visual nato. Sus composiciones muestran una gran expresividad cromática y una actitud paciente, pero vital y lúdica, que emplea para explorar en las formas, en los objetos, en los pequeños fugaces momentos, buscando encontrar su grandeza, para componer en un solo mágico instante un conjunto armonioso y rítmico cargado de candor y belleza.
Tampoco Jorge Jaime ha preconcebido las refinadas composiciones que logra, pero su trabajo revela un espíritu más disciplinado y metódico, que encuentra en lo extra cotidiano, impredecible y aparentemente aleatorio, como la luz del sol dibujando líneas sobre otras líneas o la mascarada profana, elementos de un orden que plasma en formas y texturas conjuntadas con rápida y estudiada mirada. Equilibrio, es el término más apropiado para definir su trabajo fotográfico. Equilibrio buscado y encontrado en el acertado manejo de la luz y la sombra, en la oportunidad del momento y en la correlación entre la composición y la técnica.
La estética de Andrés Mendoza está marcada por el interés en el desnudo femenino y en la relación entre el cuerpo y el espacio. Sus fotografías las trabaja generalmente en primeros planos, a veces realzando o incorporando grafismos del arte popular peruano. Sus desnudos son representaciones del cuerpo femenino de un erotismo tierno, carente de obscenidad. Las mujeres retratadas lucen distantes. El espacio y el tiempo como en suspenso. Esta es una sensación recurrente al observar todas sus fotografías. Viene de la utilización de la luz para crear contrastes e impregnar la imagen de un halo de irrealidad, lo cual logra con sutileza.
Willy Gamboa es el gran ojo urbano. Su trabajo es un ejercicio de aprendizaje visual, un viaje de descubrimiento a través del lente de la cámara, una travesía testimonial por antiguos espacios que al apretar el obturador convierte en documentos de nuestra absurdamente solitaria contemporaneidad citadina. Situarse detrás de la cámara le permite distanciarse de los objetos y del entorno para encuadrar los contornos de los grandes espectros de las urbes actuales: la anonimia, la soledad, la pobreza, enseñoreándose sobre la realidad cotidiana, contaminándola. Y con todo, la esperanza, la belleza. La luz abriéndose camino entre las sombras, la puerta al final del pasadizo, la salida a la vuelta de la esquina.
Todos estos artistas han logrado expresar la belleza y hacer arte con la fotografía., han conseguido ir definiendo un estilo que irá consolidándose en el largo camino que aún tienen por recorrer, son muy jóvenes, aunque ya han asumido la responsabilidad de continuar una tradición que se inició en 1863 cuando un romántico fotógrafo, cuyo nombre se ha perdido en el olvido, siguió el rumbo de sus sueños y se instaló en la ciudad para retratar sus espacios y sus gentes, y rescatar la memoria de la fugacidad del tiempo. Este sueño, sin embargo, no es de antes, está fijando en imágenes fotográficas la levedad del ahora y está llenando con la perfección de la luz y el color de los Andes nuestros ojos. Disfrutémoslo.
JOSUÉ SÁNCHEZ DIANA CASAS