Como las grandes ciudades del Perú
y de América Latina, Huancayo se ha convertido esta
semana en el centro de la cultura fotográfica gracias a
una exposición de inusitada belleza: «Colorandes», que
tiene la virtud de –siendo autónoma– reunir el talento
colectivo de cinco jóvenes fotógrafos de la región. La
magia de la muestra, en conjunto, se asienta en su
versatilidad. Y es que cada uno de los artistas posee
estilos distintos, percepciones personales, pero todos
de extrema belleza y contemporaneidad, enlazados casi
siempre por la misma subjetividad.
Así,
Andrés «Maná» Mendoza subsume en su trabajo una
orientación erótica, sesgándose siempre hacia una
sensualidad por demás sutil y sugerente. Los cuerpos que
muestran sus tomas, algunas con intervención digital,
son estilísticamente perfectas. La nitidez, el color, el
tatuaje, la superposición de planos vienen a ser sus
principales características. En este caso, el sujeto
asume su propio protagonismo en la composición, ayudado
por el encuadre y paciencia del fotógrafo.
Jorge
Jaime nos presenta un trabajo técnico muy refinado donde
el equilibrio entre la luz y la sombra, el claroscuro,
se convierten en la base de su propuesta. Lo natural, lo
vaporoso, lo colorido, lo cosmogónico, sugeridos en
mensajes visuales a veces directos y a veces indirectos,
son el asiento de su riqueza visual. Como decía Robert
Frank, sus fotos parecen expresarnos «intento atrapar de
nuevo lo que he visto y oído, lo que he sentido, ¡lo que
sé!».
José
Cochachi es un fotógrafo bucólico, poco convencional,
siempre a la búsqueda del impacto de la vista a través
de situaciones idílicas, alegóricas, profundamente
líricas. El onirismo, ese acercamiento al sueño a través
de una placa fotográfica, y lo que los críticos de
fotografía estadounidenses llaman el «caleidoscopismo»
(tomas de acercamiento que descomponen en mil pedazos un
objeto), serían las dotes esenciales de estas imágenes.
Willy
Gamboa no es sólo un fotógrafo, es también un
investigador social, un sociofotógrafo. Su planteamiento
estético, muy citadino y sincrónico, que nunca recurre a
artilugios, es eminentemente documental. En esa
perspectiva, sus retratos se convierten en documentos
crudos y fieles de la realidad del hombre. De hecho, su
Rímac histórico (2006), finalista de un concurso
organizado por la fundación Save the Children, es una de
las fotografías más impresionantes no sólo de la
muestra, sino posiblemente de la fotografía peruana
contemporánea. Mediante sus imágenes vemos un mundo que
en ocasiones se convierte en un callejón sin salida.
Finalmente,
Herbert Salas, extraordinario fotógrafo formado en
Italia, nos deleita con su personalísima forma de
apreciar la belleza: desde nuestros más profundos
entresijos del alma. Sus fotografías de cielos límpidos
y búsquedas étnicas han evolucionado mucho desde su
última muestra: se acercan ahora a lo experimental, a lo
complejo, a pictórico, a la técnica del cuerpo pintado.
En esa medida, su posición es la de un artista plástico
que, en un laboratorio, utiliza los objetos como lienzos
y los filtros como pinceles. Su propuesta, de ese modo,
se alza como el prototipo de un experimentado tecnólogo
de la fotografía. Acertadísmo el comentario de Josué
Sánchez y Diana Casas: «La percepción volumétrica y
antropomórfica de la forma le da una dimensión
escultórica a una fotografía de estilo neo figurativo,
que logra comunicar en formas suaves y cadenciosas una
sensación espacial de paz, armonía y belleza».
«Colorandes», por su peso
visual y su compromiso artístico, le confiere a Huancayo
el privilegio enorme de ser la sede de tan admirable
muestra.